Quizá la reforma más trascendente del sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum sea la electoral. Las recientes provenían del Plan C de su antecesor, las que trabaja su comisión ex profeso, no.
No se anticipa que la comisión encargada escuche y tome en cuenta las opiniones ciudadanas. No obstante, vale la pena adelantar algunas centrales para fortalecer el papel ciudadano en la construcción de la democracia. La democracia electoral es siempre importante: en su ausencia ganan la corrupción y la exclusión, al limitarse el acceso a procesos decisorios a unos cuantos, pero ahora mucho más por la concentración de poder del gobierno que controla al Ejecutivo, Legislativo, Judicial y la abrumadora mayoría de los estados. El sufragio efectivo es más necesario que nunca. Durante más de 70 años fue una frase burocrática, hueca. Sería una tragedia que regresara a serlo.
